Cualquiera que haya visitado Estambul se habrá dado cuenta de que el gato es el animal de compañía por excelencia en la cultura turca.
Este vínculo se remonta a tiempos antiguos, cuando los gatos salvajes empezaron a merodear las casas de campo en busca de roedores. Con el tiempo, esta relación se convirtió en una simbiosis beneficiosa y en un vínculo fraternal entre humanos y felinos, que aún hoy se mantiene en toda la ciudad.

Las fuentes históricas turcas, ya hablan de que los sultanes otomanos adoraban a estos felinos y era habitual su presencia en los jardines de los palacios; pero no solo en ámbitos palaciegos los gatos reciben mimos y reverencias, así la gente de Estambul de forma anónima suele alimentar a los gatos callejeros, los cuales incluso reciben los parabienes de parte del gobierno local, que ha colocado pequeñas casas de madera que les sirven de refugio.
Las fuentes históricas turcas ya mencionan que los sultanes otomanos adoraban a estos felinos, y que era habitual encontrarlos en los jardines de los palacios. Sin embargo, no solo en ámbitos palaciegos los gatos reciben cuidados y reverencias: los habitantes de Estambul también alimentan a los gatos callejeros de manera anónima. Incluso el gobierno local los protege, colocando pequeñas casas de madera que les sirven de refugio.

Además, el Islam, religión mayoritaria en Turquía, siempre ha tenido en gran consideración a los gatos. De hecho, se dice que eran el animal favorito del profeta Mahoma. Según la leyenda, Mahoma tenía una gata llamada Muezza. Un día, la dulce minina se quedó plácidamente dormida sobre la túnica de su dueño, y Mahoma, para no molestarla, cortó con una tijera su túnica para que la gata pudiera seguir durmiendo mientras él realizaba sus tareas. A su regreso, Muezza recibió al profeta con alegría manifiesta, lo que lo conmovió profundamente. Desde entonces, Mahoma otorgó a todos los gatos la gracia de caer siempre de pie y de entrar en el paraíso.
Sea cierto o no, los gatos son una presencia habitual en los patios de las mezquitas y en los cementerios, donde suelen dormir la siesta entre las tumbas. De hecho, muchos visitantes extranjeros capturan estas escenas en sus fotografías de viaje. Se podría decir que los gatos son parte del encanto de Estambul, animales que parecen reflejar toda la pureza y la belleza del alma de la ciudad.


Actualizado el 12 octubre,2016.


Deja un comentario