Aunque pase desapercibido por la mayor parte de los turistas, el Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla es una de las instituciones esenciales para entender la historia de Estambul; un pequeño enclave que constituye la sede oficial del Patriarca de Constantinopla, el cual está considerado como una de las figuras de mayor relevancia dentro de la iglesia ortodoxa.
El nacimiento de la fe ortodoxa
Estambul retumba 5 veces al día ante la llamada de la oración procedente de las miles de mezquitas diseminadas por su geografía, pero esta melodía no siempre formó parte del paisaje sonoro de la ciudad, ya que hasta el siglo XV el cristianismo ortodoxo fue la fe dominante y la misma era gestionada desde el Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla.

El cristianismo en Turquía pasó por diferentes etapas, desde ser perseguida y vivir en una clandestinidad total, hasta su legalización en tiempos del emperador Constantino I (siglo IV d.c.); con el tiempo incluso llegaría a convertirse en la religión oficial, primero asociada al poder papal de Roma para posteriormente escindirse en diferentes ramas con dogmas de fe claramente diferenciadas.
En este proceso de división del cristianismo es muy importante la fecha del 16 de julio de 1054, año en el que se produce el Cisma de Oriente creándose en Constantinopla un nuevo gobierno religioso centralizado en torno al Patriarca Oriental; este cambio creó las bases de la conocida como Corriente Ortodoxa (que significa “sangre del Este” en griego), rama que se convirtió en la religión oficial del Imperio Bizantino.
El patriarcado ortodoxo durante el Imperio Otomano
Tras la conquista otomana de Constantinopla en 1453, la población ortodoxa seguía siendo importante en número, por lo que los sultanes debían controlarla para evitar levantamientos. Por esta razón, se permitió la existencia del patriarcado, otorgándole un alto grado de independencia, aunque siempre bajo el control de la corte otomana.
La sede del patriarcado, que originalmente se ubicaba en Santa Sofía, sufrió varios cambios de ubicación como consecuencia de la conversión de Santa Sofía en mezquita, hasta que finalmente se asentó definitivamente en el barrio de Fener.

Durante siglos, el Patriarcado Ortodoxo actúo en muchos aspectos como una república independiente dentro del corazón de Estambul y se encargó en exclusiva de gestionar los asuntos relacionados con la comunidad ortodoxa otomana.
Esta gestión incluía no solo regular las parroquias bajo su jurisdicción, sino que también tenía concedida la capacidad de establecer sus propias leyes, recaudar impuestos, así como gestionar sus propias escuelas u hospitales.
El Patriarca de Fener, aunque no tiene jurisdicción sobre otras iglesias ortodoxas, sí ejerció durante siglos una gran influencia a nivel dogmático sobre la fe ortodoxa. Esto es debido a que el Patriarcado de Constantinopla atesora el título Ecuménico (aunque curiosamente el gobierno turco actual no le reconoce dicho privilegio) al ser el primer patriarcado en rango y dignidad de la ortodoxia mundial, lo cual a efectos prácticos es solo un título honorífico, pero que le concede un estatus de «Primacía de Honor» entre los jerarcas ortodoxos.
Nota: la religión ortodoxa es autocéfala y está conformada por 15 patriarcas diferentes que, aunque se coordinan en el dogma, solo reconocen el poder de su propia autoridad jerárquica.
El patriarcado ortodoxo en la Estambul actual
El Patriarca de Constantinopla aún controla la vida religiosa de casi 3 millones y medio de fieles, en un territorio que se extiende no solo por la mayor parte de Turquía (el Este del país está bajo la tutela del Patriarca de Antioquía y una parte por el de Georgia) sino también por parte de Grecia, estando bajo su jurisdicción lugares tan emblemáticos para los ortodoxos como el Monte Athos.
En la actualidad, las cifras de fieles ortodoxos en Estambul son muy reducidas, ya que la otrora pujante comunidad griega de Estambul emigró masivamente durante el siglo XX, especialmente tras los sucesos asociados al tristemente conocido como Pogromo de 1955.

Conociendo el Patriarcado de Constantinopla
El patriarcado no es fácil de encontrar entre la maraña de edificios y laberínticas calles que conforma el barrio, pero nos resultara más simple si tomamos como referencia el Colegio Griego de Fener, cuyos altos muros de color rojizo son visibles desde la distancia.
Así, si venimos por la carretera principal que discurre a pie de mar, deberemos tomar como referencia la vertical del colegio y en una de las paralelas a la carretera se encuentra la entrada del patriarcado flanqueada por algunos puestos de souvenirs.

El espacio sigue la sintonía de los centros cristianos de la ciudad y esconde sus encantos tras grandes muros, que echa para atrás a los turistas tímidos, pese a que la entrada es gratuita y libre.

Las puertas de acceso al patriarcado guardan un triste recuerdo, ya que en las mismas fue colgado el cuerpo sin vida del Patriarca Gregorio V, el cual fue considerado por el Sultán Mahmut II como uno de los hostigadores de las revueltas de 1821 que conllevarían la Independencia de Grecia; en su homenaje la puerta de entrada tradicional fue bloqueada y no se ha abierto nunca desde entonces.

Si superamos la timidez y entramos al interior, encontraremos un coqueto jardín rodeado de edificios de madera que albergan la sede administrativa y la biblioteca del centro, así como los alojamientos de la comunidad, incluida la residencia privada del patriarca, aunque él vive en otra parte de la ciudad.

La visita se centra en la Catedral Patriarcal de San Jorge, que tiene una fachada de piedra imponente, pero sencilla, que te conduce a un hermoso interior con valiosos retablos históricos y un majestuoso trono para el líder ortodoxo, quien debe ser turco, según las leyes del gobierno.
De entre los objetos más buscados, especialmente por los peregrinos de origen griego, se encuentran las reliquias de mártires como Santa Eufemía, Omonia y Theophano, además de la conocida como Piedra de la Flagelación, la cual está considerada como la roca contra la que Jesús fue flagelado.

La reforma del barrio de Fener, que muchos identifican erróneamente como Balat, ha devuelto dinamismo a las calles de este histórico vecindario que antes era cuasi desconocido por los turistas, pero que ahora está lleno de cazadores de rincones con encanto.
Es sorprendente que la mayoría de los turistas no visiten el Patriarcado, un lugar donde se siente el silencio y la profunda espiritualidad de un monumento que es esencial para entender la historia misma de la ciudad de Estambul.

Actualizado el 20 abril,2021.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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