Si uno preguntara a un estambulí sobre cuál es el centro de su ciudad, pocos mencionarán los grandes monumentos de Sultanahmet, sino que todos dirigirán su vista hacia la, la arteria por donde late la vida del Estambul moderno.
Oficialmente, esta calle peatonal se la conoce por el nombre de İstiklâl Caddesi (La Avenida de la Independencia en español), aunque en muchos lugares aún se menciona con su antigua denominación de «Grande Rue de Péra«, pero lo más curioso es que los turcos, muchas veces, la denominan erróneamente como Taksim, englobándola en un concepto más amplio de localización; que se le denomine abiertamente como Taksim tiene un sentido, ya que la misma nace en la plaza del mismo nombre, punto de encuentro habitual de los estambulíes y uno de los lugares más simbólicos del país.
Para entender el alma de İstiklâl, es necesario tener en cuenta que la calle y su entorno han estado habitados históricamente por las minorías religiosas (cristianas o judías) y así como por el personal que trabajaba en las antiguas embajadas; esto le confiere un carácter y una configuración menos musulmana, siendo su atmósfera y arquitectura más próximas a lo observado en los bulevares de otras grandes capitales europeas.

UNA DE LAS CALLES MÁS TRANSITADAS DEL MUNDO
Quizás lo más llamativo de adentrarse en esta rambla es la cantidad de gente que la recorre, de hecho se considera como una de las calles más transitadas del mundo con un flujo que alcanza los varios millones de personas al día, que se magnifica durante los fines de semana y cuya ruidosa presencia se alarga a bien entrada la madrugada.
Una marabunta sorprendentemente diversa, que abarca desde los jóvenes que buscan ocio, hasta el turista más conservador procedente de los países árabes, pasando por la clase media turca que busca adquirir bienes de consumo o el visitante extranjero que acaba de hacer un injerto de pelo.
Una masa humana que se aparta lentamente al paso de su mítico tranvía, cuya estampa entre la multitud es una de las fotografías más deseadas por los turistas; el sonido de la campana de este nostálgico vehículo se entremezcla entre el babel de voces donde ya no suena tanta el griego o al armenio, comunidades que históricamente habitaban el barrio y que gestionaban su intensa vida comercial hasta que el Pogromo 1955 lo cambio todo.
EL POGROMO Y EL EFECTO SOBRE LA COMUNIDAD GRIEGA Y ARMENIA
La falsa noticia sobre un ataque a la casa natal de Atatürk en Salónica, fue la chispa que encendió una mecha nacionalista, orquestada previamente por militares turcos, que conllevó el saqueo de las propiedades de estas minorías, muchas de las cuales emigraron del país tras los acontecimientos; actualmente, la comunidad griega y armenia tienen una presencia testimonial en el barrio, pero su legado monumental y su huella en la calle sigue siendo muy visible.

Del patrimonio griego y armenio destacan sobre todo sus iglesias, aunque muchas pasan inadvertidas por el gran público, hay que tener en cuenta que aunque nos encontrábamos en un barrio eminentemente cristiano, el Imperio Otomano imponía condiciones draconianas para la construcción de nuevos templos no islámicos; debido a esto los templos cristianos se escondieron y se instalaron en la retaguardia de İstiklâl, hasta que la llegada del período de reformas conocido como Tanzimat, permitió a las iglesias exhibirse y mostrar sus cúpulas y campanarios.
El mejor ejemplo de este período reformista es la iglesia griega de Aya Triada, que ya luce su esbelta figura al público, aunque otras aún guardan sus tesoros hacia su interior, como sucede con las armenias Üç Horan o Surp Hovhan Vosgeperan o mismo con la ortodoxa griega de la Virgen María.
Griegos o armenios regentaban igualmente las más singulares y bellas galerías comerciales del bulevar, como sucedía con el Pasaje Hazzopulo o el fotogénico Pasaje de las Flores, así como muchas de sus tiendas, restaurantes o cafeterías.

CAPITAL CULTURAL DE TURQUÍA
El ambiente internacional y cosmopolita de Beyoğlu, facilitó el desarrollo de una interesante red de teatros, salas de exhibiciones y cines que convirtieron durante años a İstiklâl en la capital cultural de Turquía; algunos hermosos edificios de esta época de esplendor como el cine Elhamra o Alkazar aún sobreviven aunque ya con otros usos, mientras otros como el espectacular cine-teatro Emek desaparecieron para siempre.
Este declive fue en gran parte motivado por el empuje de las grandes firmas comerciales de moda y de consumo, que poco a poco fueron adueñándose de la calle, siendo hoy en día su principal motor económico. Con todo, si uno escarba en las calles aledañas, aún uno puede palpar parte de ese ambiente cultural que siempre exhibió el barrio, con un gran número de galerías de arte y locales para disfrutar de lo mejor de la música turca.

UNA CALLE LLENA DE SABORES
Quien si mostró mayor resistencia a los envites de las grandes superficies comerciales fue la cultura culinaria de İstiklâl; una calle capaz de ofrecer al mundo delicias tales como los profiteroles del Inci o las adictivas hamburguesas Islak, no puede morir sin mostrar batalla y sigue ofreciendo una amplia y diversa oferta en restauración.
AVENIDA DE LAS NACIONES
Al hacer un recorrido gastronómico por la calle, quizás se eche en falta el legado culinario de la minoría católica levantina, una de las comunidades más vitalistas del antiguo Estambul y cuya aportación a la belleza de la ciudad se hace evidente en la espectacular fachada de la iglesia de San Antonio de Padua o en la decoración interna de la iglesia de Santa María Draperis.

Las que son no tan visibles son las iglesias pertenecientes a las minorías protestantes, las cuales están asociadas a los consulados que aún perviven en el barrio como legado de un tiempo en el que Estambul era la capital del país; muchos de estos palacios como el de Holanda o Suecia son auténticas joyas arquitectónicas y sus jardines contribuyen a oxigenar un espacio aprovechado urbanísticamente al milímetro.

LA CALLE DONDE NACIÓ EL CLUB MÁS PRESTIGIOSO DE TURQUÍA
Otra de las pocas zonas arboladas de la calle, se encuentra en el interior del prestigioso Liceo de Galatasaray, una de las instituciones educativas más conocidas del país y bajo cuyos muros nació el club de fútbol más famoso de Turquía, el Galatasaray Spor Kulübü, que cuenta con un museo en las inmediaciones donde se exhiben los principales trofeos del club.
Este museo está ubicado en un hermoso edificio de finales del siglo XIX, cuyo diseño explora con éxito las tendencias arquitectónicas existentes en Europa en ese momento; no es el único ejemplo en İstiklâl de estas influencias arquitectónicas que revolucionaron la arquitectura desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX y en donde podemos destacar el genial diseño modernista de la Casa Botter.

UNA AVENIDA SIN APENAS PRESENCIA MUSULMANA
La «Grand rue» muere a la altura del antiguo monasterio mevlevi, que constituye la referencia de la ciudad para aquellos que quieren conocer en profundidad la mística de esta orden religiosa; este singular y hermoso museo constituye una de las pocas expresiones de interés de la cultura islámica que ofrece la calle, junto a lo exhibido por la discreta Mezquita de Hüseyin Ağa.

ESENCIA DE ESTAMBUL
Quizás la ausencia de grandes referentes islámicos, hace que İstiklâl no sea tan apreciada por los turistas, los cuales ávidos del exotismo de lo oriental no acaban de entender plenamente la idiosincrasia de esta arteria, llena de matices y sorpresas; pero la vida en Estambul no se puede entender sin su presencia, ya que no es solo uno de los lugares de ocio favoritos para los turcos, sino también es su principal espacio de expresión cultural, deportiva y política.
La «avenida de la República» no es una calle más, es pura historia de Estambul, una arteria que no solo la oxigena su corazón, sino que también moldea su alma.


Actualizado el 27 agosto,2024.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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